¡Bienvenidos al blog de Shotokan-Shotokai Guadalquivir!



Somos un grupo de karatekas de Córdoba que entrenamos de la mano de nuestro Sensei Manolo Moret en el polideportivo municipal Guadalquivir, ubicado en la C/ Libertador Joaquin Da Silva Xavier Nº 5, Córdoba, 14013. Pertenecemos al C.D. Shotokai Cordobesa al frente del cual está nuestro Sensei Enrique Márquez. Nuestro estilo es como sin duda habréis imaginado Shotokai. Entrenamos los martes, jueves y viernes de 19:30 a 20:30 el grupo de los mayores y los martes y jueves de 17:30 a 18:30 los benjamines.
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martes, 10 de mayo de 2011

Enseñar y aprender Karate

Me he permitido la temeridad de traducir otro de los interesantes artículos que nos ofrece grupo Karate-Do Shotokai de Sensei Harada. Podeis encontrar el original en Teach and Learn Karate. Para aquellos que lo prefieran aquí podran encontrar la traducción en pdf. Sin más preambulos paso a presentaros el artículo de Jonathan de' Claire en cuestión:

Enseñar y aprender Karate

Artículo para la Shotokan Karate Magazine 2010 by Jonathan de’ Claire - KDS 4th Dan
Cambié mi carrera profesional hace varios años y me convertí en profesor, realizando el Certificado de Postgrado en Educación (PGCE). A lo largo del curso se hizo un gran hincapié en la necesidad de diferenciar la planificación de la ejecución de las lecciones. Esto permitiría a un profesor, en teoría, ofrecer materias similares para una amplia gama de niveles de habilidad dentro de la misma lección, o grupo de lecciones planificadas. Esta capacidad para diferenciar la enseñanza, sustentada en la planificación de lecciones individuales fue la la fuerza impulsora en la que los asesores y los inspectores se centraron. Esto fue y es, con la intención de permitir el acceso al aprendizaje a todos, sin importar sus habilidades individuales ni las áreas específicas en las que son fuertes o aquéllas que necesitan mejorar. También nos enseñaron técnicas de gestión de las clases. Ejemplos de esto son el control de proximidad, para aquellas personas cuya atención estaba vagando por otros lugares, o ¡las señales visuales y físicas que indican la intención y la atención!


Una vez graduado, mi primer trabajo a largo plazo, en la enseñanza fue en una escuela cerca de Cardiff. Pero no se trataba de una escuela ordinaria. Era una escuela interna centrada en jovenes con dificultades evidentes para el aprendizaje – dificultades emocionales , de conducta y sociales (EBSD) para ser más precisos – Niños que presentaban un amplio abanico de necesidades en las que el Síndrome de Asperger, Terrets, ADHD o la parálisis celebral eran comunes y sus demandes y exigencias de aprendizaje eran enormes. Considerando que su actitud agresiva era el principal motivo de su presencia en la escuela, la actitud de desafío frente a la enseñanza era masiva por decirlo de algún modo. Por un lado, las personas con síndrome de Asperger generalmente no saben interpretar adecuadamente el lenguaje corporal y las expresiones faciales (es decir si es que te miraba a la cara) apareciendo estallidos de violencia de los que sólo ellos sabían el motivo. Este grupo también toma las palabras de forma muy literal, por lo que no había lugar para la ambigüedad en cualquier comunicación verbal o la reacción podía ser una crisis emocional en un joven por falta de comprensión de un significado. A esto se sumaba que la ansiedad en un alumno podía desencadenar un cuadro similar en otro con lo que el problema podía extenderse a toda la clase.


Más aún, hemos de considerar las distintas “inteligencias”. Estas son aquellas áreas de la inteligencia (siempre que no exista un pantano académico) en la que los individuos destacan sobre la mayoría, e indica cual es su estilo de aprendizaje preferido. Por ejemplo, muchos de los jóvenes a los que enseño parecen preferir las actividades de aprendizaje cinestésico. Esto es lo que más les gusta y en lo que obtienen los mejores resultados en su aprendizaje porque son buenos en ello. Tienen que hacer las cosas ellos y experimentarlas. Sentarse y escuchar (la inteligencia lingüística) no despierta su interés si se emplea como herramienta de enseñanza principal. Aquellos a los que una aproximación más visual les atrae, se beneficiarán de un enfoque más pictórico, o a través de secuencias de vídeo, para mejorar su aprendizaje.


Ciertamente, la planificación diferenciada es fundamental para tener en cuenta las diversas necesidades, tanto en las habilidades académicas o de inteligencia y en el estilo de aprendizaje preferido, junto con la capacidad emocional para aprender y interactuar con eficacia con los demás. Pero, ¿Nos atendremos a una lección planificada, sólo porque nosotros la hemos planeado? ¡Por supuesto que no!, eso es lo que yo creo. Si algo estimula su imaginación o muestran interés en una respuesta, entonces nuestra capacidad de adaptación es clave. Un enfoque flexible en la enseñanza me ha permitido sin duda impartir lecciones memorables que no estaban previstas, pero sin duda ¡serán recordadas! Ir con la corriente de interés es como saltar en la montaña rusa del entusiasmo donde una oportunidad no se puede perder por el simple hecho de seguir un plan. Por supuesto, esto no quiere decir que todas las lecciones que enseño serpenteen, ni mucho menos. La planificación juega un papel muy importante en mi práctica docente. Sin planificación, la preparación será deficiente como poco, y el conocimiento transmitido quedará al azar. El resultado será una lección mal presentada y una paupérrima enseñanza para los estudiantes. Pronto me di cuenta de que cada joven necesita ser tratado de una manera diferente y que las herramientas estándar para la enseñanza en situaciones adversas tenían su lugar, pero también ¡sus limitaciones!


Y ¿esto que tiene que ver con el karate? Se preguntarán. En principio no mucho, pero si observamos las diversa necesidades que he mencionado, veremos que no son tan distintas de las nuestras. No estaremos definidos como estudiantes con dificultades de aprendizaje específicas, pero nuestra forma de enseñar, nuestro estilo de aprendizaje, nuestras preferencias intelectuales son ciertamente ¡muy diversos!


Tomemos la memoria como ejemplo. Recientes estudios psicológicos indican que recordamos el 30% de lo que escuchamos, el 40% de lo que vemos, el 50% de lo que decimos y el 60% de lo que hacemos. Por lo tanto, si un instructor hace una demostración sencilla y luego habla sobre ella durante los siguientes 5-10 minutos de forma habitual, entonces la capacidad de aprendizaje de sus alumnos de karate se está viendo disminuida considerablemente y se ha perdido el tiempo para ejecutarla, que es la mejor manera de fijar algo en la memoria, especialmente si tenemos una tendencia cinestésica más que evidente. Cuando una persona realiza algo, se crea un vínculo más fuerte y las nuevas neuronas se fijan en el sistema nervioso, recableando el cerebro cada vez que ejecutan los movimientos . El cerebro humano es un procesador que aprende, se adapta y desarrolla la información.


Un problema puede ser el tipo de inteligencia que el instructor prefiera en el aprendizaje, ya que este se transformará en su estilo de enseñanza dominante. Si un instructor quiere ser siempre el centro de la clase, explicarlo todo, yéndose por la tangente constantemente, puede perder una parte importante de su auditorio, para los que evidentemente, su tiempo es precioso. Por supuesto, podría entrar en esto, pero es una caja de Pandora que se abrirá en otra ocasión. Por otro lado, puede que el instructor prefiera mostrar lo que hay que hacer, y ser más bien parco en sus explicaciones. En este caso, serán los alumnos con una mayor inteligencia lingüística los que se quedarán el la cuneta.


Escucho lo que dices, el karate es para ejecutarlo y el cómo utilizas tu habilidad para entrenar varía con el tamaño del grupo y con sus habilidades (y la capacidad propia). Pero yo lo reconsideraría, ¿Cómo has desarrollado tus habilidades como instructor para entrenar? ¿Son sólo el reflejo de lo que has visto en tus instructores o estás trabajando según tus puntos fuertes? Estoy seguro de que estaréis de acuerdo en que las distintas organizaciones parecen favorecer el enfoque de sus instructores de alto nivel como su propio enfoque en la mayoría de los casos. ¿Es esto porque esto es lo que los atrajo en primer lugar, o es porque no quieren a la presente métodos de probada eficacia?


Para mí, personalmente, guiar al atleta y dirigir su entrenamiento es el objetivo que me propongo alcanzar con los alumnos bajo mi tutela. Es a la vez desafiante y provocador, y permite que mis alumnos tomen conciencia de sí mismos. En efecto aprendes a enseñar a través de preguntas a ti mismo – autoevaluándote – y reflexionando sobre las prácticas que se han convertido en claves para tu propio progreso. Una vez identificado un área problemática, por supuesto, podemos buscar ayuda para superarla. Pero antes, debemos ser conscientes de nuestras capacidades y limitaciones.


A menudo, los estudiantes se enfrentan a las mismas dificultades, de la misma manera que tienen buenos instructores. Una vez que nuestros estudiantes se sientan cómodos y puedan cuestionar nuestra práctica de manera significativa y positiva, verdaderamente, nuestro progreso se verá relazado.


Esto no quiere decir que los planteamientos de mostrar y explicar, los enfoques orientados al entrenador, no sean necesarios, sobre todo en las primeras etapas, donde se hace hincapié en los fundamentos. Al contrario, a veces, puede resultar muy beneficioso. Sin embargo, debemos lograr un equilibrio que nos beneficiará tanto a nosotros como a aquellos de dependen de nosotros para tener una orientación y dirección clara.


Estoy de acuerdo con que es mucho lo que hay que considerar. Estoy seguro que he planteado muchas más preguntas que respuestas. Pero con las preguntas surgen las respuestas y se encuentran las soluciones a los problemas. ¿estás consiguiendo obtener lo mejor de la forma que estás enseñando? ¿Tu organización se adapta a tu estilo de aprendizaje? ¿Enseña de una manera específica, semana tras semana? ¿Tienes un plan a corto, medio y largo plazo para tu club? ¿Qué plan tiene tu organización para la formación? ¿Tu organización está realmente preocupada por la forma de continuar tu desarrollo? ¿Está continuamente enfocada a la próxima competición? En cuyo caso, ¿Interesa lo que haces después de los días de competición, y por eso, hay una necesidad de planificar la continuación de tu desarrollo? Muchas consideraciones, ¿por dónde empezar?


Con la orientación a la competición, existe un paralelismo con lo que falla en la estructura actual en la educación. Ponemos el énfasis en lograr las calificaciones más altas posibles y de esta manera, elevar el prestigio de nuestra escuela por su gran rendimiento. Los alumnos trabajan duro, sacan buenas notas en sus materias respectivas, pero no hay interés en el desarrollo integral y aparecen brechas en la formación como consecuencia de ello. Yo diría que algo parecido ocurre con la orientación a la competición. No obtenemos un artista marcial muy completo con este enfoque. Los huecos en la formación son casi imposibles de rellenar más tarde, al cuerpo le cuesta muchos años desaprender los malos hábitos adquiridos, y la mentalidad de la competición, orientada a ganar a toda costa limita el desarrollo real en cualquier arte marcial. En este caso el karate es el que pierde. No estoy en contra de la competición en absoluto. Pero, para obtener buenos resultados se requiere cada vez más técnicas elaboradas y gritos más fuertes. La técnica real debe ser juzgada por su eficacia, no por haber sido diseñada para obtener el mayor efecto en la percepción de los jueces, si no ¡en el cuerpo de los oponentes!.


Por lo tanto, tal vez un replanteo completo sea necesario en este momento. Un énfasis diferente, ¿tal vez? De esta manera podemos centrarnos en el desarrollo de toda la carrera de un karateka, y no sólo en una fase lucrativa de la misma. Es necesario un plan, y debe ser a largo plazo. Un cambio de mentalidad, un cambio de rumbo ¿tal vez? Plantéate el desafío tanto a ti mismo como a tu organización de mejorar en todas las áreas de trabajo en karate. Sólo entonces tendremos la oportunidad para desarrollarnos, en la forma de enseñar y en en la forma en que enseñamos a otros. Sólo entonces, podremos, realmente, realizar una enseñanza diferenciada que ayude a nuestros alumnos a alcanzar su verdadero potencial y con ello ¡desarrollar el karate!.


La planificación documenta lo que se enseña. Una vez establecido un objetivo importante, un plan estructurado nos ayudará a lograrlo con éxito. En este punto podemos centrarnos en como podemos dar la clases, teniendo en cuenta lo que estamos intentando conseguir, buscando la mejor manera, de forma que se adapte a nosotros y a nuestros alumnos. Pero debemos tener una visión a largo plazo, en la que confluirán todos los diferentes aspectos o elementos de la práctica del karate para enseñar y aprender juntos, inspirando todo nuestro sistema de entrenamiento hasta que nuestro objetivo sea alcanzado.


Siempre me ha asombrado ver como el propio instructor-jefe de mi organización, el maestro Mitsusuke Harada, altera la manera en que realiza los cursos en función del país en que se celebra. Fruto de su experiencia, plantea como acercarse a un objetivo particular teniendo en cuenta la cultura y la política interna de cada grupo. Las mismas técnicas se pueden estudiar hasta el nivel requerido, en Portugal, por ejemplo, pero en un formato completamente diferente a como se plantearon estas mismas técnicas sólo una semana antes en el Reino Unido. Pero el resultado final es similar en cualquier caso. También tiene en cuenta la personalidad de los diferentes instructores al hacer el programa. Todo esto independientemente de la cantidad de personal, de sus capacidades físicas o sus limitaciones. Esto es de hecho, una diferenciación real en el más alto nivel de su método de enseñanza. Rara vez un curso es igual que el anterior. Existirán conexiones, por supuesto, pero la progresión es una parte esencial de su planificación. Sensei Harada nunca ha estado quieto, ¡siempre tiene un objetivo a largo plazo que lograr!.


El método de enseñanza preferido por sensei Harada es la propia experiencia personal. El, constantemente, alienta a sus alumnos a tocar las cadenas muculares específicos, a sentir cómo trabaja su cuerpo mientras ejecuta las técnicas. Esto les proporciona una memoria física sobre la que reflexionar y tratar de emular en su propia práctica. A la inversa, el también hace lo mismo con los demás, con la finalidad de identificar zonas de tensión innecesaria y ayudarles a liberar su energía de manera eficiente hasta su nivel óptimo. Naturalmente, se ha animado a otros a emplear el método personal de sensei Harada, y actualmente, es un factor clave en el desarrollo de su grupo. Yo, por propia experiencia, puedo decir que una vez que un cierto sentimiento se ha trasladado, puede ser internalizado y elaborado en meses o incluso años más tarde, cuando su cuerpo está listo para tratar de aplicarlo en su propia práctica del karate. El estilo de enseñanza de sensei Harada es un reflejo directo de sus propias experiencias personales junto a una persona, Shigeru Egami, una de sus mayores influencias. Alentó al joven Harada a aceptar el karate en su cuerpo. Rara vez se hablaba durante la práctica, sólo practicar, practicar, practicar hasta que Egami empezaba a ver que la concentración de Harada estaba empezando a decaer. El método de enseñanza de Egami, a su vez, reflejaba su aproximación mediante la aceptación en su propio cuerpo de las técnicas fruto de su colaboración con Yoshitaka Funakoshi y con Okuyama Tadoa. Por supuesto después de la práctica Harada y Egami reflexionaban sobre su práctica en largas conversaciones entre ellos dos. Como un hombre inteligente, esto era importante para que sensei Harada internalizara lo que su cuerpo ya había experimentado.


El maestro Harada ha desarrollado para su grupo, el KDS, un sistema de tutorías distinto. Él se encarga de su grupo técnico (5º danes). A su vez, los 4º y 3º danes se encargan de dirigir los cursos realizados en regiones especificas del extranjero. Para estos curso, los 4º y 3º danes pueden elegir qué miembro del grupo técnico (5º dan) se encargará de asesorarles, teniendo en cuenta la temática específica del curso y con quién trabajan mejor. Esto permite al los coordinadores de los cursos utilizar el mejor estilo de enseñanza que se adapte a lo que ellos quieren,bien porque complemente su propia experiencia o bien presentando un enfoque distinto a su forma habitual de manera que plantee un desafío y incentive el desarrollo también. Sin duda, este sistema de filtrado de tutoría a través de los grados, desarrollando a la nueva generación de instructores mediante un entrenadores reflexivos, es posiblemente el mayor legado de sensei Harada a sus alumnos. Un proceso abierto, inquisitivo, en un ambiente de aprendizaje reflexivo centrado en el desarrollo del karate.


No estoy diciendo que este sea un sistema perfecto. Pero se trata de un ambiente sano, que no encuentra problemas en cambiar. Por contra, el enfoque de sensei Harada busca positivamente y da la bienvenida al cambio y a la capacidad de su grupo para adaptarse constantemente y ser flexible, un enfoque que se refleja en su práctica del karate. Perderse un de sus cursos es perderse el siguiente paso, importante, en su plan maestro. Sensei Harada tiene siempre fija su mirada en el destino hacia el que conduce a su grupo. Las piezas del rompecabezas parecen encajarse en su lugar cada dos años y luego se inicia una nueva vuelta en el aprendizaje, en el desarrollo, que nos acerca a un nuevo objetivo a largo plazo. “El desarrollo del karate debe verse como una espiral, siempre en crecimiento, siempre mejorando en dirección ascendente” comenta sensei Harada. ¡Independientemente de nuestra edad!


Fui afortunado, mientras escribía este artículo, tuve la oportunidad de hablar con sensei Harada directamente sobre su contenido. Se suponía que debía estar organizando un curso de fin de semana con otro cuarto dan KDS en Cardiff. Habíamos planeado el curso y habíamos decidido centrarnos en el Mae-geri y, en particular, en la importancia de la pierna de apoyo en la generación de la energía para la patada. Desafortunadamente, una lesión de espalda me impidió impartir el curso. Pero, siempre podemos sacar algo positivo de cualquier situación.


Estaba evidentemente, decepcionado con como la mano del destino me había tratado. Sin embargo, de hecho, esto resultó ser una gran suerte. Me fui al campo para apoyar y ayudar en todo lo que pudiera. Cuando llegué, Marie Kellett – 5 º Dan – se acercó a mí diciendo que sensei Harada estaba como yo y que podía cuidar de él. Los dos nos mantuvimos al margen observando el progreso. En ese momento, yo ya había terminado la mayor parte de este artículo y quería que me diese su opinión. Así que aprovechando la oportunidad, le leí esto a él y hablamos de su contenido sobre la marcha.


Sensei Harada de pronto se entusiasmó, y comenzó a llamar a alumnos por parejas bajo la atenta mirada de su asistente Marie. Los fue colocando un frente a otro con un mae-geri apoyado en el estomago de su compañero. Quería que el que pateaba fuera capaz de transferir de forma explosiva la energía procedente de su pierna de apoyo, como un “latigazo” como le gusta llamarlo, a través de la pierna delantera hacia el estomago del compañero. Pero sin la correcta postura del cuerpo y el adecuado apoyo y sin la preparación de la pierna de apoyo, no se alcanzaba un resultado que le satisfaciera. Yo observaba y el explicaba, pronto pude discernir que patada podría ser efectiva y cual no en función del ángulo de la pierna delantera antes de que la pierna de apoyo transfiriera la energía al final de la patada. Eran solo unas pulgadas en un sentido o en el otro, pero tenían un gran impacto en la eficacia del mae-geri. En poco tiempo, varias parejas estaban intentando demostrar esto mismo con gyaku-zuki y gedan-barai. Sin ese ángulo óptimo de la rodilla al empezar, la eficacia de las técnicas se veía muy comprometida y al fallar los enlaces entre las distintas articulaciones, la transferencia de potencia desde la tierra era nula.


Sensei Harada instruía y Marie asistía, las técnicas evolucionaron de buenas a decisivas. Todo aparecía claro. Sus explicaciones son simples y obvias una vez que habían logrado mi atención. La tarde resultó de un valor incalculable, cristalizando mis ideas en una serie de áreas. Como consecuencia de esa sesión todavía registro importantes avances en mi práctica y en la de mis alumnos. Esta sesión contiene todo lo que caracteriza el método de enseñanza de sensei Harada, explicaciones simples respaldadas por la propia experiencia personal, física, de sus alumnos que les permite avanzar y crecer. ¡Gracias a Dios que pude estar lesionado!


jueves, 14 de abril de 2011

Kiai

Buscando en internet sobre el Kiai he encontrado un artículo interesante del maestro Harada sobre su concepto del Kiai en la siguiente dirección
http://www.karatedoshotokai.com/viewArticle.php?article=11
que me he permitido traducir, aquí va el resultado:
 Si lo preferís aquí está en pdf

El concepto de KIAI

Por Mitsusuke Harada

Los europeos tienden a buscar lo que ellos llaman explicaciones racionales y se quejan de que algunos conceptos japoneses son oscuros y difíciles de entender. En particular, uno de los más citados como ejemplo es el concepto de Kiai, y a mí me han pedido que aporte mi opinión sobre el mismo. Bien, intentaré hacerlo lo mejor que pueda, pero no debemos olvidar que como la Hidra de la mitología, es un concepto con múltiples caras si no cabezas.
Por cierto, antes de continuar, quiero observar que cuando rememoro los días en que entrenaba en la Universidad de Waseda y en el Dojo Shotokan, nadie empleaba esa palabra ni por supuesto hablaba acerca de ese concepto, fue mucho más tarde cuando la gente del Karate encontró el gusto por esa palabra y comenzó a darsele una importancia mítica. Por contra, en Japón, el Ministerio de Educación patrocinaba un estudio sobre 500 años de práctica del Kendo en el que no se atrevían a explicar conceptos tales como Distancia, Kiai o Zanshin (Espíritu Inmutable).
Sin embargo, si queremos alcanzar a comprender la idea tendremos que distinguir las distintas nociones vinculadas al concepto de Kiai, y en un intento de aclararlo comenzaré con una historia sencilla:
Durante la Guerra, en la Academia Militar, como en muchas otras Instituciones en aquella época, de vez en cuando se realizaba una ronda de identificación, entonces un oficial ordenaba a los cadetes que fueran identificándose, por supuesto siempre había alguno que o bien no había oído (o escuchado) o bien no respondía con la suficiente energía. Éstos eran reprendidos por no mostrar suficiente “espíritu” y se les pedía que mostraran más “carácter” al identificarse. Se les decía que “mostraran kiai”.

De hecho, el gritar y mostrar así la fuerza de nuestro carácter nos lleva directamente a una costumbre más antigua llamada Kage-goe. Y para entender lo que significa debemos regresar a los tiempos en que los samurais eran terratenientes, agricultores que cultivaban la tierra. Era la época de Takeda Shingen, el Señor de la provincia de Kai, un Sengoku-daimyo que murió en 1572 y fue reemplazado por un Kagemusha (la sombra). Todavía no regía el sistema feudal posterior instaurado por el shogunato, y el Bushido no existía. Incluso si existía una jerarquía, sus miembros no estaban vinculados por un sistema de contratos como apareció más tarde y al que volveremos.
En caso de peligro, todos los miembros del grupo o de la zona, se congregaban bajo la bandera de un líder, un hombre que había mostrado sus capacidades estratégicas, como fue el caso de Shingen, y todo con el simple propósito de la defensa. Y cuando eran llamados para la batalla, anunciaban su presencia a través de un grito del guerra del tipo Kake-Goe.
En ese momento el comandante no se uniría personalmente a la lucha, permanecía organizando a sus tropas, dando instrucciones, por así decirlo, supervisándolas. Si nos fijamos en la escena que representa la batalla en la famosa película de Kurozawa, Kagemusha donde se narra la historia de la Sombre de Shigen, verémos al comandante sentado en la colina en silencio. Mirando hacia sus tropas en el campo de batalla. Sin embargo, hay una comunicación clara con sus oficiales y soldados. Definitivamente hay un sentimiento especial que se transmite a través de su actitud física y mental, que aporta, sin duda, cohesión a la acción conjunta de combate. Es evidente que hay una respuesta natural de las personas que le rodean y, sí, podemos decir que esta es una forma de Kiai. No tiene nada que ver con gritos, y del hecho de que el comandante muestre la actitud correcta en el momento crucial va un largo camino para explicar el resultado.
Podemos entonces considerar que el grito de guerra kake-goe del que hablabamos al principio era de hecho también una especie de factor de unión, que elevaba sus energías y que funcionó razonablemente bien en la victoria. Por desgracia, fallaron y perdieron, y todo lo que pudieron hacer fue correr y escapar, como brillantemente ilustra el final de la película. Solo trajo el caos.
Posteriormente (hacia el final del siglo XVI), cuando Oda Nobunaga, el Señor de la provincia de Owari, se convirtió en el primer gran unificador de Japón, los samurais se convirtieron en soldados profesionales, soldados que ya no trabajaban la tierra. El comandante se rodeó de guardaespaldas, pero participó personalmente en la lucha. De hecho, fue Nobunaga, quien inició el movimiento que llevó a los samurais a los castillos/ciudades que construyó en todo el país, haciendo de ellos una casta social separada de las demás. Ésta era, para él, una forma de controlar mejor lo que pasaba en las provincias, no dejando que unos samurais agricultores decidieran por sí mismos quienes serían sus aliados y a favor de quien estarían. En consecuencia, se le pidió a los agricultores que se concentrasen en trabajar la tierra, a cambio, se les prometió la protección – por lo que pagarían impuestos – de esta casta de soldados profesionales. Para entonces el código del guerrero se había desarrollado de hecho, y una complicada jerarquía había surgido, desde el Shogun hasta el Damyo y los samurais, todos vinculados por el “contrato” - un vínculo psicológico y emocional – un código que dio origen al Giri, un sentimiento del deber, de responsabilidad o deuda de uno con el clan, el comandante, o la línea. Pero al tiempo que se genera un sentimiento del deber se crea una relación privilegiada, una comunicación más intensa entre las personas, sean aliados o adversarios. Dicho sea de paso, es el tipo de sentimiento que ha sido alentado por las empresas modernas en un intento de crear cohesión en su fuerza de trabajo.
Así, la unificación de Japón continuó con el talentoso Hideyoshi Toyotomi, que finalmente gobernó en todo el país, y más tarde con Ieyatsu Tokugawa, Señor de la provincia de Mikawa, comenzó el período conocido como el Shogunato. Pero como bien sabemos para entonces los samurais se había vuelto más modernos, utilizando la tecnología moderna, tal como armas de fuego, y cuando se enfrentaban no había necesidad de anunciar con un grito su presencia. Sin embargo, el vínculo estaba allí, de ahí el fuerte sentimiento de compartir un destino, uniéndolos fuertemente en su vida y en la batalla tanto como en los combates individuales.

Sin embargo, si volvemos a mirar al Kendo, y observamos la práctica actual, especialmente en la competición y el uso de Shinais y armaduras, parece que nos hemos introducido en un mundo de juegos y gritos, en este caso estaremos más cerca del concepto de Kake-Goe que a la forma de comunicación entre compañeros – o adversarios – que acabamos de describir.
Pero una vez más y sin salir del Kendo, si observamos a los viejos maestros, tanto pasados como actuales, nos encontramos con que nunca hubo ni una mención a gritos de cualquier tipo. Un encuentro de Kendo puede ser un encuentro silencioso de dos poderosas energías y concentraciones (involucrados totalmente tanto a nivel físico como a nivel psicológico) con cada oponente aparentemente reaccionando "naturalmente" a cualquier movimiento o cambio repentino en la concentración. Pensemos por un momento en la célebre imagen sobre la simultaneidadde la aparición de la Luna y su reflejo en el agua del lago, que sirve para ilustrar el concepto de tiempo. Tal es el vínculo o enlace del que estamos hablando.
Otro ejemplo que también recuerdo, el mismísimo Ueshiba, nunca ví al gran maestro de Aikido emitir nada parecido a un grito, quizás una pequeña “vocalización” o “expresión” de su respiración cuando estallaba su energía, él actuaba en perfecta armonía con la acción de su oponente (y por tanto con la respiración de éste último). Después de todo, hemos de tener en cuenta que “Ki” significa aliento y “Ai” significa armonía. Esto definitivamente es distinto de Kake-goe tal y como hemos visto. Igualmente, Okuyama, que era un antiguo compañero de Yoshitaka (el hijo de O'Sensei), nunca gritó ni hizo nada parecido, y puedo asegurar que su potencia me fue suficiente y directamente demostrada, sin ningún género de duda. Es más, cuando me reuní con él hace poco, intercambiamos ideas sobre el concepto de potencia adicional, y no me mencionó que algo como un grito pudiera tener algún valor para mejorarla.
De hecho, llegados a este punto me surge la siguiente pregunta: ¿Cómo es que nunca nos hemos preguntado los karatekas por qué en Judo nunca se emplea o tienen la necesidad de enseñar a gritar cuando se lucha? Me parece que en el Karate la confusión surgió – y aún sigue siendo así hoy día – en las exhibiciones pública durante las que, como es lógico, los ataques deben ser controlados, y su eficacia real – desde el punto de vista del público – es dudosa. Gritando al atacar, se muestra convicción y lo hace más impresionante, particularmente cuando para probar sus ataques el karateka recurre a romper maderas y a otras manifestaciones similares con la intención de hacer ver lo letal de sus golpes.
Para mí este tipo de actitud está asociada con el saludo "Ous " que no es más que una forma de saludo que la clase baja yakuza utiliza y que cualquier japonés medianamente educado que se precie jamás se le ocurriría utilizar. Se supone que da a la persona que lo pronuncia como saludo una presencia más imponente. Es todo una cuestión de apariencia.

Aun así, es cierto que en Kendo se hizo ( y se sigue haciendo) uso del enfoque Kake-Goei, pero es sólo en los entrenamientos: uno de los contendientes permanece en silencio, estable y concentrado (mentalmente inmutable), mientras que el otro oponente eleva su propia confianza increpandole. Es también una manera de ejercer presión psicológica sobre el adversario, retándole. Yamaoka Teshu tenía su propio Kake-Goe o “grito”, como de hecho hay muchos. Como ejemplo, en el libro que mencioné al principio del artículo sobre el Kendo se identifican siete “gritos” diferentes.
Pero en lo que al Karate se refiere, parece que Sensei Funakoshi mucho me temo – con el debido respeto a su memoria y a todo lo que él nos ha dado – que se mantuvo a un nivel superficial o sería más adecuado decir a nivel de “educación primaria”. El Maestro no entendió el valor de este punto. Él era un maestro de escuela, su concepto del arte era definitivamente en términos de educación física – sin duda valiosa, pero limitada – . Sabemos que no estaba interesado en kumite, en lo que podríamos llamar el lado más marcial del Karate, y concentró su enseñanza en la práctica de Kata. Y ahí está su error, al no entender la naturaleza del Kiai, introdujo en diferentes puntos de los Kata esta necesidad de gritar ( y dicho sea de paso algunos de estos puntos elegidos no dejan de ser desconcertantes, cuanto menos). El sonido de la propia voz, que a menudo menciona como “Hoi”, sin duda no contribuyó mucho a incrementar la potencia de sus técnicas, y, ciertamente, tampoco ayuda mucho en términos de comunicación con el compañero.
A diferencia de él, su propio hijo, Yoshitaka, definitivamente fue más allá, centrándose en un Kiai de otro tipo, controlando la respiración – con sonido o no – y simultaneamente o en armonía con la acción de modo que, si se realiza correctamente, incluso puede detener o desequilibrar a un atacante. En este punto el sentimiento es algo bastante diferente y particular, en todo caso, es realmente difícil de explicar a quien nunca lo ha experimentado. Es algo que varía con las personas que realizan la acción en cuestión. Por ejemplo, desde mi experiencia personal, la propia acción de Egami (o kiai) implicaba de hecho una perfecta armonía con el ataque de su oponente que luego podía controlar físicamente, abortando el ataque, etc. Pero Okuyama fue un paso más allá (incluso más lejos que Yoshitaka según me comentó Egami mismo) y su propia explosión de energía fue de una fuerza superior ejecutada en el momento preciso que realmente te derribaba.
Como podemos ver, estamos muy lejos de los grititos usados por los karatekas en las competiciones y en otros lugares. Para mí existe un grave riesgo al mantener esta forma “militar” y un tanto histérica de gritar como los soldados corriendo como salvajes en el campo de batalla. Los japoneses confundieron los gritos de guerra de los alemanes durante el Tercer Reich – esos “¡Heil Hitler!” que gritaban cientos de miles de gargantas en las gigantescas manifestaciones en el estado de Nuremberg y en otros lugares – con algo real. Quedaron impresionados, y de hecho pudo haber sido un impresionante despliegue en la victoria, pero de nada sirvió en la derrota, porque el espíritu se perdió y todo lo que quedó fue el caos.
No era el verdadero Kiai entonces y creo que cometer el mismo error otra vez hoy podría tener consecuencias todavía más perjudiciales